Matemática activa para familias educadoras |
Los siguientes consejos tienen el propósito de ayudarte a proveer a tus hijos la mejor experiencia de aprendizaje:
Escoge un proyecto adecuado para tus hijos.
Los niños necesitan proyectos donde pueden sentirse seguros. Deben ser capaces, por su nivel de desarrollo mental y de comprensión, de entender fácilmente lo que requiere la tarea. Después de unas instrucciones y ejemplos iniciales, deben ser capaces de seguir realizando la actividad sin la ayuda de un adulto. Si no pueden hacer eso o si se estresan mucho, entonces la tarea es demasiado difícil, y hay que darles algo más fácil.
Como padres, a veces tenemos esa ambición de ver que nuestros hijos progresen "rápidamente", y entonces tratamos de "apurar" su aprendizaje. Pero a largo plazo, este aprendizaje apurado solo trae problemas al niño: lo confunde, y hasta puede causar que su cerebro se organice de manera deficiente. (Vea "Esas neuronas mal conectadas".) Tengamos paciencia y demos a nuestros hijos el tiempo que necesitan para madurar de manera natural. Aprender poco, pero entendiendo bien, es mejor que aprender mucho y no entender nada.
En los proyectos se indican los conocimientos previos
requeridos para que los niños puedan realizar las actividades
sin problemas. Si un niño no entiende bien los conceptos
indicados allí, dale una actividad más sencilla. - Si los
niños han sido enseñados de manera teórica y mecánica (como
en el sistema escolar convencional), entonces es bien posible que
sepan hacer muchas cosas mecánicamente sin realmente
entenderlas. Por ejemplo, muchos niños aprenden ya en primer
grado a sumar y restar números con tres cifras, mientras en
realidad todavía no pueden entender lo que significa un
número con tres cifras. (Tal vez hasta pueden leerlo
correctamente, pero no tienen ningún concepto mental de la
cantidad real que el número expresa.) Entonces no asumamos
prematuramente que ya "saben" sumar y restar.
- En la actividad "Estimar cantidades", del Módulo 1,
saldrá a la luz cuán desarrollado tienen realmente el concepto
de número y cantidad.
Pasa suficiente tiempo con las actividades concretas.
Cuanto más pequeños son los niños, más aprenden con sus
manos (y con todo su cuerpo), y menos con lápiz y papel.
También, cuanto más pequeños son, más repetición necesitan.
Por tanto, dales suficiente tiempo para "jugar" con el
material concreto - no solo haciendo las actividades sugeridas,
también explorando por su cuenta. ¡Quién sabe si ellos
descubren un uso novedoso del ábaco (por ejemplo) que a ti nunca
se te hubiera ocurrido!
No insistas en dar el paso a la abstracción prematuramente.
Mientras el niño no se siente seguro practicando con material
concreto, que siga practicando. Durante estas actividades podemos
dialogar con el niño para ayudarle a reflexionar sobre lo que
está haciendo, y para entenderlo mejor. Por ejemplo, el niño
observa que la aguja de la balanza se encuentra en el número 300
después de la marca 2 kg: ¿Qué
significa esto? - ¿Cuánto pesa eso? - ¿Hay otra manera de
expresar este mismo peso? - Una vez que el niño demuestra que
sabe razonar correctamente sobre preguntas como estas, podemos
enseñarle cómo anotar los pesos con números (lo cual es el
paso a la abstracción).
No des demasiados pasos a la vez.
En los videos de instrucción, los pasos de aprendizaje se
siguen en una sucesión muy rápida. Pero en la vida real, un
niño puede necesitar varios días para cada uno de esos pasos
pequeños. Y puede ser que algunos de esos pasos sean todavía
demasiado avanzados para su nivel de desarrollo actual; entonces
tendremos que esperar con esos hasta uno o dos años más tarde.
Por tanto, para muchos niños será una sobrecarga tener que
asimilar dos o más conceptos nuevos en una sola sesión. Por
ejemplo, si un niño está recién aprendiendo a medir en metros
y centímetros, será demasiado introducir en el mismo día
también los gramos y kilogramos. Mejor déjalo experimentar con
los metros y centímetros durante unos días, midiendo toda clase
de objetos que se pueden medir con estas unidades de medida; y
recién cuando el niño se siente seguro con eso, pasen a otras
medidas.
Por lo general, una sesión corta cada día es mejor que una sola
sesión que dura una mañana entera.
Respeta tanto el interés como la necesidad de descanso del niño.
Es mejor no proponerse una duración fija para las sesiones. Cuando un niño está interesado y concentrado en una actividad, puede pasar varias horas haciéndolo sin interrupción. En este caso, terminar la sesión abruptamente interrumpiría el proceso mental del niño. - Por el otro lado, si el niño está cansado, desanimado, aburrido, o tiene dificultad de concentrarse, media hora ya puede ser demasiado. En este caso será mejor mantener la sesión corta, y después darle descanso al niño o buscar una actividad que capte mejor su interés. Es una gran ventaja de la educación en el hogar que tenemos esta flexibilidad y no estamos sometidos a un horario rígido.
Explora junto con el niño; no "juegues al docente".
O sea, no des respuestas prematuramente, ni des instrucciones
cerradas de "cómo se resuelve eso". Con eso
cortaríamos el proceso del razonamiento propio del niño. Por
ejemplo, si estamos estimando cuántas habas hay en un vaso, no
las cuentes con anticipación para poder decir "son
tantas". Haz tu propia estimación, junto con los niños.
Tampoco diles "como se hace" para acercarse al número
correcto. En vez de eso, pregunta primero a los niños qué han
razonado para llegar a sus respuestas. Después puedes compartir
también tu propio razonamiento. Y finalmente cuenten cuántas
hay en realidad - seguramente algún niño se presentará como
voluntario para contarlas.
En la matemática, más que en cualquier otra materia, somos co-aprendedores
juntos con los niños. La matemática es una verdad universal; no
se somete al capricho de ningún profesor. Frente a la
matemática, todos somos estudiantes y exploradores; nadie puede
pretender que la domina completamente. En vez de decir: "Te
voy a mostrar como funciona eso", es mejor decir "Vamos
a investigar juntos como funciona eso". No se trata de
llegar rápidamente a "la respuesta correcta". Mas bien
se trata de completar juntos un proceso de razonamiento.
El matemático Paul Lockhart dice:
"El problema más grande en la matemática escolar es que ya no existen problemas en ella. - Sí, yo sé que los profesores llaman 'problemas' a esos 'ejercicios' insípidos: 'Este es un ejemplo de un problema. Aquí dice como se resuelve. Sí, esto viene en el examen. Resuelvan los ejercicios 1 a 35 en casa.' - Qué manera más triste de aprender matemática: como un chimpancé domesticado.
Pero un problema verdadero, una honesta pregunta auténtica, natural y humana - eso es otra cosa. ¿Cuánto mide la diagonal de un cubo? ¿Nunca terminan los números primos? ¿Es 'infinito' un número? ¿De cuántas maneras puedo cubrir un área simétricamente con baldosas? - La historia de la matemática es la historia de la ocupación humana con preguntas como estas. No con la repetición ciega de fórmulas y algoritmos.
Un buen problema se caracteriza por que no sabes como se puede solucionar. Por eso es una buena oportunidad; puede servir como un trampolín para alcanzar otras preguntas interesantes (...)"
(Paul Lockhart, "Lamento de un matemático")
Por supuesto que hay algunos conceptos que tenemos que "enseñar" a los niños - por ejemplo lo que es una multiplicación. Pero también en estos casos, no les des un procedimiento diciendo "así se hace". En su lugar, explora junto(a) con tus hijos los principios que rigen la multiplicación, hasta que los entiendan. Después de eso, el procedimiento hará sentido por sí mismo - o el niño inventará su propio procedimiento. (Eso será el tema del Módulo 2.)
Usa los errores del niño como oportunidades para aprender, no para reprimirlo.
Cometer errores es una parte normal de todo aprendizaje.
Cometer un error no es pecado ni maldad, y por tanto no merece
ningún castigo. Evita toda actitud o acción que genere en el
niño un temor a cometer errores. En cambio, muéstrale caminos
de cómo descubrir y enmendar los errores. Ayúdale a volver por
los caminos de su razonamiento y a darse cuenta dónde ha errado.
Por ejemplo diciéndole: "Por favor explícame cómo has
llegado a este resultado" - no a manera de reprensión, sino
con un interés genuino de querer saber cómo se desarrolló el
pensamiento del niño. Mientras el niño explica, puede que él
mismo se dé cuenta de su error; si no, habrá que señalárselo.
Entonces, que vuelva a resolver el problema de una manera
correcta.
Enséñale maneras cómo comprobar sus resultados por sí mismos;
y usa materiales que contengan un elemento de
"auto-corrección" (o sea, donde el niño se puede dar
cuenta por sí mismo cuando cometió un error), tales como
rompecabezas que no se pueden armar excepto de la manera
correcta.
La pregunta "¿Cómo has llegado a este resultado?"
debe hacerse con frecuencia - no solamente cuando está
equivocado, también cuando el resultado es correcto. Así nos
aseguramos de que el niño ha entendido lo que hace; y reforzamos
el razonamiento correcto.
Provee un ambiente emocional positivo.
En general, haz lo posible para que las actividades sean una experiencia agradable para el niño. En un ambiente de ánimo y aceptación se aprende mucho mejor que en un ambiente tenso, hostil y amenazante. No reniegues ni rechaces al niño cuando no comprende algo. Con paciencia, ánimo, y unas representaciones del problema con material concreto, es posible que llegue a entender. Y si sigue sin entender, de ninguna manera podremos forzarlo a entender: mejor dejemos el tema para una oportunidad posterior cuando el niño tenga mayor madurez mental. Mientras los niños son niños, no hay por qué "correr" en la matemática. Lo más importante es que adquieran una amplia base de experiencias concretas y activas, y que se acostumbren a razonar e investigar por sí mismos. El entendimiento abstracto llegará más tarde.
Sean creativos.
Las instrucciones para los proyectos son sugerencias
flexibles. Es posible que no puedas realizar todas las ideas de
un proyecto dentro de una o dos semanas. Estás en la libertad de
escoger aquellas que son apropiadas para la situación de tu
familia, y de descartar otras. Quizás algunas ideas serán
demasiado avanzadas para tus hijos, entonces puedes dejarlas para
una oportunidad posterior. Por el otro lado, si te sobra tiempo,
puedes realizar ambos proyectos sugeridos en vez de
escoger solo uno. Puedes también innovar y añadir tus propias
ideas. Decide de acuerdo a las necesidades particulares de tu
familia.
Es posible que un proyecto de matemática los lleve a temas
nuevos. Los descubrimientos que hacemos a lo largo de una
investigación matemática, y las preguntas de los niños, pueden
fácilmente llevarnos mucho más allá de los temas que
preparamos originalmente. Mientras sea posible según el nivel de
entendimiento de los niños, sigan estos caminos nuevos. Si es un
terreno desconocido para ti, no dudes en plantear el problema en
un foro de discusión de este curso.
Trata de encontrar una forma "funcional" de agrupar a los niños.
Hay diversas formas de organizarnos, tanto dentro de la familia como en un grupo de varias familias. En la matemática es particularmente difícil trabajar con grupos de niños de diversos niveles de conocimientos; por eso hay que experimentar un poco hasta encontrar las formas que "funcionan". Si varias familias que viven cerca están llevando el curso juntos, podrían también unirse para los proyectos.
Básicamente podemos distinguir tres formas de agrupar a los niños:
En los grupos de niños sin adultos, es recomendable que no haya más de tres niños en un grupo. Con cuatro o más, a menudo sucede que uno o varios niños no pueden o no quieren participar; pero con dos o tres, cada uno se siente desafiado a poner de su parte.
Podemos como padres asignar a cada niño a un grupo; o podemos permitir que los grupos se formen espontáneamente. Por ejemplo podemos sugerir tres actividades distintas (y de distintos niveles de dificultad) y permitir que los niños escojan; así se formarán grupos según intereses de manera natural. Trata de descubrir lo que funciona mejor con tus hijos.
Haz apuntes acerca del desarrollo del proyecto.
Anota lo que hicieron, qué ideas novedosas tuvieron, cómo
reaccionaron los niños, qué cosas nuevas llegaron a entender,
qué problemas tuvieron y cómo los superaron, etc.
Recuerda que al final del proyecto tendrás que entregar un
reporte acerca de lo que hicieron. Lee con anticipación las instrucciones para
el reporte.
Es posible que la documentación acerca de los proyectos forme
más adelante una parte importante de tu historia familiar. Para
este fin puede ser útil sacar fotos o incluso grabaciones de
video de los momentos más resaltantes de la actividad. (No es
necesario incluir tales fotos en el reporte; pero si deseas
hacerlo, eso es posible también.)
Siguiente: Pautas para escribir el reporte del proyecto
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